¿Qué tiene que ver el Bitcoin con la comunicación?

Compartir en

Jueves 25 de junio de 2021

Por Franco de Bitgalea

¿Qué tiene que ver el Bitcoin con la comunicación?

Bitcoin y la comunicación

El diciembre pasado me recibí de licenciado en Comunicación Social. Ese mismo mes, empecé a trabajar en la industria de las criptomonedas. Como recién graduado, con muchas preguntas y caminos posibles, llegué a plantearme: ¿qué tiene que ver Bitcoin con la comunicación?

Unas semanas atrás, escuché una charla que me ayudó a esbozar una respuesta. En ella, Andreas Antonopoulos, el griego-británico experto en Bitcoin, definió al dinero como un lenguaje.

Hablar de “plata” o de “guita” parece frívolo y parece ser casi un tabú en nuestra sociedad. Sin embargo, el dinero es una de las tecnologías más antiguas, incluso anterior a la escritura. De hecho, los primeros escritos no eran más que hojas de cálculo talladas en piedra para contabilizar transacciones e inventarios.

El dinero es el vehículo que construimos para expresar valor. Al realizar un pago, estamos comunicando que eso que recibimos a cambio tiene determinado valor para nosotros, y la otra parte puede almacenarlo para utilizarlo cuando lo necesite.

Al igual que la comunicación, el dinero permite generar comunidades. Es un aglutinante social. Va más allá de lo económico: con él se crean organizaciones que ayudan al funcionamiento de las sociedades, que resuelven necesidades y aportan algo al mundo.

Dinero como lenguaje.

Desarrollemos la metáfora anterior. ¿Qué pasa, por ejemplo, con una persona que habla constantemente sin silencios y vacío de contenido? Probablemente su palabra perderá valor y, cuando diga algo interesante, la gente ya no lo escuchará. Mucha oferta y poca demanda.

Por otra parte, ¿qué pasa cuando un lenguaje es ambiguo u opaco? Sería poco útil un idioma en el cual las palabras tengan muchas acepciones contradictorias que generan malentendidos.

Luego de esta analogía (algo forzada), volvamos al dinero. Si este es un lenguaje, ¿qué pasa cuando circulan cantidades ilimitadas y la oferta supera la demanda así como esa persona que no para de hablar? Probablemente, esa moneda se devaluaría, y sería un “idioma” menos útil para almacenar valor.

En muchos países de Latinoamérica, sucede esto: hay una gran emisión monetaria, seguida de inflación y devaluación. En Argentina, se estima que la inflación de este año llegará al 47%. Hay muchos pesos. Y nadie quiere pesos. Su oferta aumenta año a año y su demanda cae dado que no funciona correctamente como reserva de valor.

Frente a esta situación, la forma más común de ahorrar en la Argentina es comprar dólares. Sin embargo, el dólar también se devalúa en el largo plazo. Estados Unidos tuvo una inflación promedio de casi un 2% anual en los últimos 10 años. Esto significa que si tenemos dólares ahorrados desde 2011 hoy valen casi un 20% menos. Además, recientemente se conoció la noticia de que Joe Biden pedirá al Congreso un presupuesto de 6 billones de dólares, que es la mayor propuesta de gasto público desde la Segunda Guerra Mundial.

El dinero fiduciario es opaco, si bien podemos calcular la base monetaria, la cantidad que existe en circulación no es fija y su emisión decide por el gobierno de turno.

¿Qué pasa cuando un ente tiene control sobre el lenguaje? Recordemos 1984, la novela de George Orwell, en la que el lenguaje estaba centralizado y controlado por el “Gran Hermano”, quien manipulaba los significados de las palabras a su conveniencia para perpetuar su poder.

¿Y qué tiene que ver Bitcoin con todo esto?

Bitcoin aparece como una nueva alternativa al dinero fiduciario. Recientemente, ni más ni menos que un país, El Salvador, adoptó Bitcoin como moneda de curso legal. Todos los comercios deberían aceptar la criptomoneda como medio de pago además de ser cancelador de deuda.

Cada vez más empresas de distintos rubros aceptan esta criptomoneda como medio de pago: Booking, Starbucks, Microsoft y KFC, por nombrar algunas. En Argentina, ya hay un marketplace (CryptoAvisos) que ofrece un espacio para comprar y vender productos solo con criptomonedas, y que ya tiene más de 125 inmuebles y 100 vehículos publicados. Incluso MercadoLibre incorporó una sección de compra-venta de inmuebles valuados en bitcoin.

Bitcoin introduce una nueva forma de dinero, un nuevo lenguaje, que permite intercambiar valor sin intermediarios, es decir, persona a persona (P2P), y a cualquier parte del mundo.

El dinero fiduciario es turbio. ¿Cuántos billetes hay en circulación? ¿Cuántos se emiten? ¿Cuántos van a emitir de acá a 10 años? No lo sabemos con exactitud. Bitcoin es totalmente transparente. Podemos conocer con precisión la cantidad de bitcoins en circulación y, gracias a la tecnología blockchain que lo sostiene, podemos verificar todas las transacciones que se realizaron con este desde su creación.

Bitcoin tiene una emisión limitada y controlada. A diferencia de los pesos o los dólares, no se pueden imprimir arbitrariamente, sino que se emiten 6,25 bitcoins cada 10 minutos y esta cantidad se reduce a la mitad cada cuatro años en un fenómeno denominado halving.

Bitcoin es descentralizado. No hay un ente que lo controle ni lo regule y además es incensurable: no se puede hackear, ni parar. Sus reglas están predefinidas en su código y cualquiera con conocimientos de software puede verlo, analizarlo y copiarlo.

No todo es perfecto por el momento. Si bien en el largo plazo su precio siempre fue en alza, hoy es un activo muy volátil y joven (solo existe desde hace poco menos de 13 años). Aunque su valor intrínseco no se determina en el precio.

Además, hay que admitir que las criptomonedas y las finanzas descentralizadas forman parte de un idioma que todavía no está muy extendido aún, y las interfaces de las plataformas y protocolos son todavía complejas. Sin embargo, hay muchas iniciativas y comunidades como BitgaleaONG Bitcoin Argentina y DeFi Latam con el propósito de educar, brindar información y datos sobre estos temas de manera simple y gratuita.

Solo el tiempo dirá si el “internet del dinero” (Antonopoulos), en el que no hace falta un tercero para hacer transacciones, en el que todo es verificable y en el que se incluye a cualquier persona sin importar su nacionalidad, ni documentación, ni historial crediticio, podrá prosperar. Mientras tanto, el ecosistema cripto crece cada día más, con proyectos innovadores y mentes brillantes trabajando en este.

Por otro lado, los comunicadores del ecosistema hoy tenemos el deber de educar sobre las nuevas tecnologías para poder fomentar y facilitar el uso de una de las innovaciones más disruptivas del siglo. Al fin y al cabo, para que una plataforma funcione, necesita usuarios. ¿De qué me serviría tener WhatsApp o Facebook si nadie más lo usa? ;)

Bitcoin es más que una criptomoneda: al igual que el lenguaje, es una construcción social formada sobre una plataforma de intercambio de valor. Independientemente si uno desee invertir en criptomonedas o no, vale la pena aprender a hablarlo, entender la tecnología y sus implicancias.

¿Qué va a ocurrir en el futuro con este activo y con la red? Nadie puede saberlo, pero su creación implica un cambio de paradigma hacia la descentralización y la primera forma de dinero digital inhackeable, sin intermediarios, sin fronteras y sin censura. 

 

Aclaración: este artículo es una nota de opinión y no implica ninguna recomendación de inversión. Los criptoactivos como Bitcoin están sujetos a la volatilidad y siempre se debe tener en cuenta el perfil de inversor, la aversión al riesgo y el plazo de inversión.

Compartir en